...una futura Teoría General de la Salud. Futura? ÉS ahora!

Gracias siempre, Marta Povo.
Marta Povo Audenis es de momento la impulsora y responsable de este decálogo, que con el tiempo y la colaboración se podrá desarrollar tal vez en una Teoría General de la Salud. Es un documento ya destilado que define algunos conceptos básicos respecto a la nueva visión médica que muchos ya practicamos, llamada actualmente Medicina Integrativa, aunque su amplio paradigma no esté aún bien definido ni por la práctica oficial ni tampoco por las prácticas alternativas.
M.Povo es terapeuta sanadora, creadora del sistema Geocrom, escritora y pedagoga de la salud. Trabaja en el CSIS Cerdanya (centro de sanación integrativa sistémica) y en el Estudi Geocrom de Barcelona. 
...y gracias José Angel (ambos dos!!!!)   por alimentar cada día el concepto de salud integral, por estar presente y aliviar mis inquietudes, por ...todo.  proyectoÈS.



FACILITAR LA SALUD
Medicina Integrativa Sistémica y Etiológica

Síntesis de criterios para una Teoría General de la Salud

1- La visión de la salud y la medicina no puede estar basada en la enfermedad sino en la plenitud del ser humano.

2- La salud nunca puede ser un negocio; no se puede comerciar con la vida ni con las enfermedades de los seres humanos.

3- La salud es un derecho humano; la salud es un estado del que todos tenemos derecho a gozar, ya seamos habitantes del primer o del tercer mundo.

4- La salud no debe ser un privilegio de algunos sino que es el estado natural de todo ser humano existente.

5- El estado de salud se basa primordialmente en dignificar el sustrato biológico y energético de un ser humano, en dignificar y armonizar también su estructura psicológica, así como su hábitat y su vida relacional o sociocultural. De hecho la enfermedad no es natural, como lo constata la Naturaleza, lo natural es tener salud y vivir en plenitud. También debe ser natural enfocarse a diario en estos estados saludables intrínsecos, más allá de la entropía y en envejecimiento natural.

6- El Ser humano no es tan solo un cuerpo biológico que posee una mente y un alma. En primer lugar somos una entidad espiritual, con un alma, esencia o conciencia en expansión, que emplea un cuerpo biológico y que tiene una energía, una capacidad pensante, unos sentimientos y unas emociones, como herramientas para realizar dicha maduración, expansión o evolución. Es decir, una persona es un ‘ser sutil realizando una experiencia terrenal’ mediante un cuerpo, una psicología y una sensibilidad. Por tanto, se entiende que la salud de un individuo es el estado normal y natural de su alma o consciencia, y que es inherente a su esencia, pero manifestamos dicho estado de salud según sea nuestro grado de coherencia, diálogo y cohesión entre alma, mente y cuerpo.

7- Un facilitador de salud es alguien que atiende, procura, cuida y se compromete a impulsar el estado de salud plena de un ser humano en sus aspectos biológico, energético, psicológico y anímico simultáneamente. Un facilitador de salud comprende, integra y suscribe los principios de una medicina integrativa y sutil para todo Ser Humano, e intenta aplicarlos en su práctica cotidiana.

8- La salud es un hecho sistémico que depende de muchos factores, y afecta a muchos ámbitos de la vida humana, de un colectivo y del planeta. Sistémico es un término para expresar que procede, influye y afecta a muchos sistemas a la vez. Lo sistémico no mira a la persona como un sujeto aislado, sino como una totalidad, inserto dentro de otra totalidad, e interacciona con todos los demás sistemas creados. Siempre que se produce un cambio en una persona o factor, repercute en todos los demás.
La enfermedad también debe tratarse sistémicamente y mediante diversos remedios y métodos, y también con diversos facilitadores a la vez de diferentes especialidades, pero de forma coordinada e integrativa. Lo integral u holístico lo diferenciamos del término ‘integrativo’ que significa que integra y da integridad a un Ser, que le devuelve su integridad como persona, que lo hace más entero, completo y digno, le aporta la completitud y la plenitud de su ser. Integrativo también implica que emplea muchas partes (elementos, técnicas, visiones...) con el fin de integrar o hacer ‘íntegra y completa’ una cosa, es decir, no parcelada o sesgada.

9- En el estado de salud intervienen, y también interaccionan, diferentes aspectos del ser humano, el cuerpo bioeléctrico, las emociones, los pensamientos, su esencia peculiar y sutil, el entorno, medio o hábitat, así como su entorno relacional y cultural. Un ser humano es biología, energía, emociones, sensaciones y sentimientos, creencias y códigos aprendidos, es una esencia sutil o alma que registra unos efectos acumulativos de experiencias en el tiempo, un ser que vive en un medio más o menos natural o tóxico, un ente que busca su felicidad plena y no parcial, mediante el auto-conocimiento y la maduración de su conciencia.
A su vez, el hombre es un ser relacional que convive y comparte la vida con otros seres con estas mismas características intrínsecas y existenciales, por tanto entran en más o menos sintonía entre sí, interaccionan y se afectan entre ellos.
Si un individuo es todo eso, no se puede pretender sanar sus alteraciones, o acompañarlo a conseguir su estado de salud/plenitud, abordando un solo aspecto de su complejidad, como sería solo sanando el cuerpo, o su psicología, o su energía, o su hábitat, o solo atendiendo sus aspectos anímicos. Por tanto se reitera que una medicina bien entendida y revisada debe abarcar una visión no solo integrativa sino también sistémica.

10- Facilitar la salud de forma coherente es intentar encontrar las 'causas primigenias' que han originado un malestar, y no solo atender exclusivamente a los síntomas y paliarlos, ya que ellos son tan solo aspectos parciales de la totalidad bio-psico-anímica del ser humano. Por tanto la visión de una medicina avanzada y madura tiene que ser también ‘etiológica’ o causal, además de integrativa y sistémica.

11- La Medicina Integrativa Sistémica y Etiológica no parte solamente de investigaciones, resultados y criterios científicos según las convenciones aceptadas hoy en día, sino que también parte e integra criterios de física cuántica, de sabiduría popular, de medicina energética o acupuntural, de mística y metafísica, de psicología transpersonal, de campos morfogénicos, de salud ambiental, y de numerosas experiencias terapéuticas repetidas y constatadas durante siglos, que se derivan de diferentes visiones alternativas a la medicina hoy oficializada.

12- La visión coherente de la salud y la plenitud parte de que el cuerpo humano, unido a su energía y su conciencia, es un mecanismo inteligente en sí mismo. La salud se da cuando la persona puede activar sus propios mecanismos de auto-regeneración y auto-curación, que son muchos y muy inteligentes, como se muestra por constatación empírica. Por tanto, su salud no depende tan solo de la intervención externa de un facilitador, sea terapeuta, médico o remedio, sino que depende esencialmente de él mismo, como sustrato bioquímico, como entidad psicológica y espiritual, y como ser consciente, autónomo y responsable de su propia vida, si ya es adulto. Un ser humano, para sanar, tiene que comprometerse paulatinamente a la gestión autónoma de su salud, y un facilitador debe cuidar de proporcionársela ampliamente.

13- Un ser humano contiene un ‘programa’, una codificación amplia y compleja, que condiciona su estado de salud y plenitud. Registra códigos y memorias de comportamiento; algunas memorias son traumáticas y otras son creativas o placenteras; algunas son procedentes de su propia vida, presente o pasada, otras son vividas a su alrededor y heredadas de sus ancestros, por tanto, su conducta y su estado de salud psico-biológica y relacional estarán determinados también por este complejo ‘programa’ basado en estas vivencias, recuerdos, códigos, grabaciones registradas e influencias.

14- Facilitar la salud no es solo sanar o curar sino que es también ‘informar’. Trabajar en medicina implica a la vez hacer pedagogía. La persona alterada o enferma tiene que recibir información del facilitador, acceder a medios pedagógicos que expliquen su salud. Debe aprender no solo a conocerse a sí mismo a fondo, en toda su complejidad, sino que tiene que ir aprendiendo también a curarse él mismo. Y muy especialmente debe aprender a 'mantener de forma preventiva’ su estado de salud y plenitud bio-psico-anímica, para que esta prevención sea su estilo de vida cotidiano y familiar.

15- Cuando un individuo sana, todo a su alrededor sana o es afectado por su estado de salud-plenitud. Un ser humano no es tan solo una maquinaria bioquímica y eléctrica aislada sino que es un ser psico-relacional y anímico, que convive dentro de un medio o sustrato natural y colectivo. Ayudar a sanar y expandir la vida de un individuo es simultáneamente sanar una colectividad y un medio ambiente.

16- El facilitador de salud ha de conseguir que la persona alterada o enferma ‘exprese’ todo lo que le pasa por dentro, por tanto ha de saber conducir la conversación de tal manera que ella se explique con sinceridad y sobre diferentes ámbitos de su vida. Tanto el facilitador como quien recibe sus cuidados han de partir de la base de que toda experiencia dolorosa o incómoda no expresada, 'se imprime' en las células y en su campo áurico, por tanto esa impregnación son grabaciones, memorias o códigos ocultos que determinan el funcionamiento global bio-psico-anímico. Cuando las vivencias no se expresan o exteriorizan en la cotidianidad, se expresan a través del cuerpo y las enfermedades, incluso en los niños.

17- Si un ser humano es un cúmulo de códigos y grabaciones personales y existenciales, se entiende que el facilitador de salud necesita darle el tiempo y la atención suficientes para escuchar su narración vivencial, y descubrir su emoción oculta o causal. El 'tiempo dado' en una relación terapéutica está en relación a la dignidad y el amor que se merece la persona enferma, pero también está relacionado a la dignidad del facilitador de salud.

18- Si un ser humano tiene también mecanismos sabios de autocuración, se entiende que es necesario que la persona alterada ‘tome responsabilidad’ de su salud y que no la delegue exclusivamente al facilitador. Un ser humano nunca ha de entregar, ni negar, su propio poder sanador a nadie, sea o no sea un profesional socialmente reconocido. El facilitador de salud tan solo es un intermediario que busca y facilita los mejores medios, y que enseña a ver y despertar el sabio flujo de la Vida en la persona que cuida, con el fin de facilitar su autorrealización y sepa así responsabilizarse plena y autónomamente de sí misma.

19- En los procesos de reencuentro y sanación del estado de salud y plenitud, a menudo hay ‘dos fases’, siendo la primera y necesaria la desintoxicación y vaciado de elementos tóxicos, tanto si son biológicos como si son residuos energéticos, o emocionales, o mentales y de creencias sociales. En esta primera fase se podrá detener la rueda enfermiza y purificar el terreno, aunque tal vez genere alguna 'crisis curativa', vaciadora y natural, para más tarde poder entrar en una segunda fase más causal, profunda, sub o supraconsciente. Cambiar ese orden natural y lógico, primero vaciar o purificar, y luego activar sus recursos generadores de salud, puede alargar el sufrimiento innecesariamente, confundir, o perpetuar el malestar de un ser humano.

20- En la necesaria anamnesis de inicio el facilitador ha de saber ver qué ‘intereses’ tiene un ser humano para estar enfermo (comodidad, conseguir dinero, más atención amorosa a su alrededor, evitar hacer un trabajo no vocacional…), así como saber captar su grado de victimismo (sin culpabilizaciones por parte del terapeuta) para poder trabajar y sanar también estos problemas y autoengaños, y conseguir así activar o facilitarle su estado de salud bio-psico-anímica, ayudándolo a comprender el motivo profundo de su alteración.

21- El facilitador de salud entenderá siempre, y hará que lo entienda el paciente, que muy a menudo la enfermedad no es un enemigo a combatir sino que es una gran ‘oportunidad’ de crecimiento, un camino de autoexploración y evolución. La enfermedad ‘tiene un sentido’ psico-anímico, no es un error de una máquina bioquímica o cuerpo. Hasta que ambos no hayan entendido de qué aprendizaje se trata, no se considerará completada realmente la sanación. Para cambiar una realidad existencial hay que cambiar primero la conciencia; tomar consciencia de lo que está pasando ‘realmente’ con su salud, es una de las bases primordiales para realizar y recibir una medicina etiológica, psicosomática, integrativa y sistémica.

22- Todo facilitador de salud tiene que buscar en él mismo, e impulsar a encontrar al enfermo, la ‘coherencia’ entre su pensar, sentir y actuar. Mientras no haya coherencia entre lo que pensamos, sentimos y hacemos, nunca podrá darse en el ser humano un estado de salud y plenitud. Reencontrar la coherencia es entrar en un estado de armonía y plenitud que incidirá siempre benéficamente sobre la biología, la psicología, el entorno y el alma. Cualquier alteración en el estado de salud es a menudo una falta de diálogo interior y un estado contradictorio entre cuerpo, mente y alma.

23- Tanto la persona necesitada de salud como el facilitador son seres libres. Un facilitador de salud actuará siempre de forma respetuosa con la persona a quien dirige sus cuidados, entendiendo como ‘respeto’ el uso de la libertad de cada individuo adulto para continuar, o bien para detener cualquier tratamiento, no actuando nunca desde la coacción, el miedo o la imposición en ningún sentido.

24-  El facilitador de salud no tiene que ver al paciente como 'enfermo', ni como alguien con una deficiencia, ni debe fomentar su estado de indefensión, sino que debe verlo y sentirlo como un ser humano sensible en proceso de aprendizaje, maduración y evolución, incluso si no es aún adulto. Dentro del contexto cuántico en el que existimos y vibramos, los pensamientos del facilitador de salud condicionan e influyen positiva o negativamente sobre el paciente, por tanto se debe evitar de forma impecable la proyección de decretos que afecten o re-programen de forma negativa a quien está ayudando a sanar.

25- El facilitador de salud tendrá la suficiente formación sobre la complejidad de un ser humano, a la vez que una gran visión y amplia información sobre distintas materias, para saber detectar sutilmente y saber gestionar bien las dificultades de cada paciente más allá de su especialidad, de modo que sepa derivarlo al profesional más adecuado que le facilite o amplíe su estado de salud y plenitud bio-psico-anímica. Partir de una visión sistémica e integrativa lo más amplia posible, así como reconocer los propios límites, son condiciones necesarias para poder facilitar la salud y honrar al ser humano.

26- El facilitador de salud debe estar en continuo estado de aprendizaje, autoexploración y evolución psico-espiritual. Un facilitador coherente, para detectar causas de alteraciones y luego aconsejar a alguien, tiene que ser impecable en su ecuanimidad o neutralidad. Para conseguir e integrar este estado imparcial deberá tener gran cuidado de su propia salud psico-anímica y debe aprender a estar en sintonía con las leyes de la naturaleza y el universo, mediante disciplinas relajantes, intuitivas y conectoras con la sabiduría natural e innata.

27- El intercambio energético entre el facilitador y la persona alterada ha de ser coherente y armónico para que se den las circunstancias idóneas que promuevan el estado de salud plena. Si se detectan incompatibilidades de carácter, o no hay suficiente sintonía entre enfermo y sanador, no se debe forzar la intervención o se debe saber dejar la relación terapéutica, y si es posible saberlo derivar a otros facilitadores más adecuados. Un facilitador debe siempre ‘facilitar’ el encuentro del estado de salud/plenitud, más allá de su personalidad o la del paciente.

28- El facilitador de salud no solo acompañará a un ser humano en su proceso de sanación sino que incluso debe saber acompañarlo, o buscar el apoyo adecuado y especializado, en su tránsito hacia la muerte, no dejando en manos de los familiares exclusivamente esta etapa de desencarnación del alma. Del mismo modo que respecto al estado de salud y de enfermedad existe una pedagogía implícita, también debe desarrollarse una ‘pedagogía de la muerte’, no solo para 'aprender a morir' sino también una 'pedagogía para los familiares', para que sepan gestionar su propio dolor y liberar así al alma que transita hacia otro plano vibratorio. Salud, enfermedad y muerte son tres fases o metamorfosis de la corriente de Vida en perpetuo movimiento.

29- Ninguna medicina debería excluir a otra; ni ninguna práctica sanadora debería ridiculizar ni competir con otra. Medicina solo hay una, la que preserva la Vida y la Plenitud de todo ser vivo. La sabiduría, la experiencia y la sensatez del ser humano, hoy ya son suficientemente maduras como para llegar a integrar y a realizar un verdadero servicio sanitario ético y evolutivo a sus congéneres, desde una visión completa y no parcial de su propia complejidad existencial.


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